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Índice de documentos presentados sobre el Dr. Fernando Altamirano

jueves, 12 de julio de 2018

Un discurso notable. Discurso del Dr. Fernando Altamirano del 10 de abril de 1898

A mediados de 1898, España enfrentaba la guerra contra los Estados Unidos. Unos días antes de la declaración formal de inicio de hostilidades por parte de los Estados Unidos y ya en un clima de tensión, un breve pero elocuente y arrebatador discurso “rebosante en amor a España” del Dr. Fernando Altamirano emocionó a la audiencia que se reunía en Madrid para la inauguración del IX Congreso Internacional de Higiene y Demografía, la tarde del domingo 10 de abril de 1898.

El discurso fue tan notable y elogiado que fue publicado en los diarios españoles La Unión Católica (primera plana), La Época, y El Imparcial (primera plana), y también fue mencionado en otros muy importantes como el Heraldo de Madrid (primera plana), El País, La Iberia, El Liberal (primera plana), y El Globo (primera plana).

El discurso fue publicado así en los diarios La Época (10/abr/1898) y La Unión Católica (12/abr/1898):

 “Altamente me honra –dijo– hacer uso de la palabra en esta ocasión en nombre de mi gobierno, y saludar con todo el entusiasmo de mi corazón a la noble y generosa España; entusiasmo que no poseo medios de expresar, tratándose, como se trata, de la nación bendita que es madre de mi patria". (Grandes aplausos).

"A ella debemos los grandes beneficios que nos produjo la conquista, y por ella pertenecemos a una raza privilegiada, donde tienen sus gérmenes todo lo bueno, todo lo grande y todo lo hermoso; a ella debemos nuestra sagrada religión y la dicha de que yo pueda en este momento expresarme en la rica y hermosa lengua castellana. El gobierno mexicano aceptó la invitación de este congreso con el doble objeto de demostrar su cariño al pueblo español, así como de probar cuanto se interesa México por el desarrollo de las ciencias en bien de la humanidad”. (Muchos aplausos).

El Imparcial (18/abr/1898) agregó además esta emotiva parte del discurso del Dr. Altamirano:

“¡Tierra bendita –exclamó– que guarda nuestra historia, nuestra flora, nuestros monumentos, nuestra religión, nuestro idioma, nuestros sentimientos y la noble sangre que corre por nuestras venas!" 

"No venimos, pues, como el peregrino a tierra desconocida, sino como el hijo a la casa paterna, y al estrechar la mano de nuestros hermanos… ¡qué dulce satisfacción, qué corriente de simpatía se ha establecido, que nos hace sentir cuanto ellos sienten y proponernos lo que ellos propongan!”


Mención del discurso notable del Dr. Fernando Altamirano en la edición de La Unión Católica del 12 de abril de 1898.

Mención del discurso del Dr. Fernando Altamirano en la edicón de La Época del 10 de abril de 1898.


Mención del discurso del Dr. Fernando Altamirano en la edición de El Imparcial del 18 de abril de 1898.

Mención del discurso del Dr. Fernando Altamirano en la edición del Heraldo de Madrid del 11 de abril de 1898.


Mención del discurso del Dr. Fernando Altamirano en la edición de El País del 11 de  abril de 1898.

Mención del discurso del Dr. Fernando Altamirano en la edición de La Iberia del 11 de abril de 1898.

Mención del discurso del Dr. Fernando Altamirano en la edición de El Liberal del 11 de abril de 1898.

Mención de la participación del Dr. Fernando Altamirano en la inauguración del IX Congreso Internacional de Higene, en la edición de El Globo del 18 de abril de 1898.

sábado, 3 de marzo de 2018

Parentesco del Dr. Fernando Altamirano con científicos e investigadores de su época..., y con algunos escritores y poetas.

El Dr. Fernando Altamirano tuvo parentesco con algunos importantes científicos e investigadores de su época, principalmente, médicos, farmacéuticos y botánicos, algunos de los cuales trabajaron con él en el Instituto Médico Nacional. Entre ellos están:

-Federico Altamirano Carbajal (1850-1886). Hermano. Fue un farmacéutico egresado también de la Escuela Nacional de Medicina. Concluyó sus estudios en 1871, con la tesis titulada El Zihoapactli, o Sinhuapaste, que fue reimpresa en la revista La Naturaleza, de la Sociedad Mexicana de Historia Natural.  Contrajo matrimonio con María Felipa Villaseñor Rodríguez, con quien tuvo nueve hijos. Falleció de tifo el 3 de marzo de 1886 en San Luis Potosí, cuando trabajaba como farmacéutico del hospital militar de esa ciudad.

-Manuel Altamirano (1785-1865). Abuelo. Fue un importante médico y botánico de principios del siglo XIX, de quien Fernando Altamirano obtuvo importantes conocimientos de botánica durante su niñez y adolescencia. Fue examinado y aprobado como médico en 1810, y trabajó inicialmente en San Luis Potosí, donde participó en una segunda fase de la campaña de vacunación de Balmis, formalmente conocida como la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, y fue maestro de latín. Colectó un extenso herbario con plantas de Querétaro, San Luis Potosí y el Valle de México y realizó la descripción taxonómica de un gran número de plantas mexicanas. Fue también el primer taquígrafo del Congreso de la Nación,  desde 1822 hasta 1835. Escribió también algunos poemas, como el llamado De Dei Genitricis Mente Carmina, de 1860, que fue publicado en 1875, 10 años después de su muerte en el semanario El Mensajero Católico.  Contrajo matrimonio con Isabel Téllez González, y a la muerte de ella tuvo al menos otros cuatro matrimonios.

-Manuel Urbina y Altamirano. (1843-1906). Primo. Fue un importante médico y botánico mexicano. Egresó de la Escuela Nacional de Medicina. Fue director del Museo Nacional en varias ocasiones y trabajó en el Instituto Médico Nacional en la sección de botánica. Contrajo matrimonio con  Concepción Frías y Soto.

-José Donaciano Morales y Mier Altamirano (1850-1929). Primo segundo. Fue un reconocido químico, farmacéutico y profesor mexicano. Estudió en la Escuela Nacional de Medicina, donde en 1870, presentó una tesis sobre la yerba del zorrillo.  Fue vocal del Consejo Superior de Salubridad de 1876 a 1921.  Trabajó en el Instituto Médico Nacional como jefe de la Segunda Sección, enfocada en estudios de química analítica, de 1889 a 1893. Fue profesor de farmacia y química en la Escuela Nacional de Medicina hasta cerca de 1924.  Contrajo matrimonio con Dolores del Río Méndez, con quien tuvo al menos siete hijos. A la muerte de su primera esposa, contrajo matrimonio nuevamente con su prima hermana Luz Mier y Altamirano Villamil.

-Federico Fidencio Villaseñor. (1868-1909). Yerno. Fue esposo de Luisa Altamirano González, hija del Dr. Altamirano. Fue un médico y farmacéutico. Trabajó en el Instituto Médico Nacional y llegó a ser jefe de la Sección de Química del mismo.

-Juan Manuel Noriega (1869-1958). Tío segundo. Farmacéutico y químico. Debido a que su madre nació cuando su abuelo, Antonio Téllez, tenía ya cerca de 73 años de edad, hubo un desfase en edad con otros miembros de la familia, lo que provocó que a pesar de ser tío segundo del Dr. Fernando Altamirano, fuera casi veintiún años más joven que éste.  Egresó como farmacéutico en la Escuela Nacional de Medicina en 1893. Trabajó en el Instituto Médico Nacional al menos desde 1896. Participó en la Farmacopea Mexicana y escribió el libro Historia de las Drogas. De 1927 a 1929, fue director de la Facultad de Ciencias Químicas de la que sería la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

-Alfonso Altamirano y Rojas (1877-1908). Sobrino. Fue un médico que obtuvo su título de la Escuela Nacional de Medicina en 1904, e ingresó a trabajar luego como investigador en el Instituto Médico Nacional. Sin embargo, falleció de ictericia en el curso de cirrosis, el 26 de agosto de 1908.

-Rafael Altamirano González (1879-1956). Hijo. Fue perito agrícola e ingeniero que trabajó inicialmente en el Instituto Médico Nacional como archivero, bibliotecario y encargado de publicaciones del instituto. Acompañó a su padre, el Dr. Fernando Altamirano, en muchas excursiones de la institución. Posteriormente, al igual que sus hermanos Alberto y Carlos realizó algunos inventos que patentó, principalmente en el ramo de la ingeniería agrícola, como un producto alimenticio denominado “Azteca” en 1927 y un instrumento de ingeniería para levantar secciones transversales en 1942. Contrajo matrimonio con Dolores Zaldívar Villaseñor, con quien tuvo al menos tres hijos.

Además, el Dr. Fernando Altamirano tuvo parentesco con algunos escritores y poetas de la época, entre los que destacan:

-Antonio Téllez (1759-1837). Bisabuelo. Maestro y poeta. Miembro de la Conspiración de Querétaro. Secretario de la Academia Literaria con la cual se disfrazaba esa conspiración. Escribió algunos poemas.

-Juan Nepomuceno y Mier Altamirano (1780-1845). Tío abuelo. Abogado, juez y poeta. Miembro de la Conspiración de Querétaro, y posteriormente fue regidor del Ayuntamiento de Santiago de Querétaro y diputado suplente para las Cortes. Después de la Independencia de México, fue diputado en el Primer Congreso y en la Junta Nacional instituyente. Posteriormente, fue juez de distrito en San Luis Potosí, magistrado en la Fiscalía de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Departamento de México. Contrajo matrimonio con  Manuela Arroyo Juárez con quien tuvo varios hijos. Falleció el 8 de diciembre de 1845, en la Ciudad de México.

-María Nestora Téllez  (1829-1890). Tía abuela. Maestra y escritora, conocida por su novela Staurofila.

-Juan B. Delgado (1868-1929). Sobrino. Fue un poeta y diplomático mexicano, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1923 y diplomático en Nicaragua, España, Alemania, Francia y Colombia. Realizó estudios de medicina pero no terminó la carrera, aunque sí acompañó al Dr. Fernando Altamirano en varias excursiones botánicas.

-Eduardo Altamirano y Rojas. (1875-1951). Sobrino. Fue ingeniero y publicó algunos poemas, sobre todo en su natal Querétaro.  Fue conocido nacionalmente por una carta de protesta que escribió luego de ser despedido como ingeniero del Departamento del Catastro de la Ciudad de México por negarse a participar en una marcha en apoyo a la llamada “Ley Calles”, de 1926.

Parentesco del Dr. Fernando Altamirano con algunos científicos e investigadores de su época (y con algunos escritores y poetas).



miércoles, 10 de enero de 2018

Foto del Dr. Fernando Altamirano en artículo "The Rubber Plants of Mexico" de 1909, por H. H. Rusby

Foto de espaldas del Dr. Fernando Altamirano (a la derecha en la foto), en el artículo del botánico estadounidense Henry Hurd Rusby (1855-1940) titulado "The Rubber Plants of Mexico".

Este artículo fue publicado en septiembre de 1909, casi un año después de la muerte del Dr. Altamirano, en el número 9, del volumen 9, de la revista Torreya, editada en Nueva York por The Torrey Botanical Club.

En el artículo se menciona el Palo Amarillo, o Euphorbia elástica (después renombrada como Euphorbia fulva), planta que fue estudiada y promovida como productora de caucho por el Dr. Altamirano en el Instituto Médico Nacional. (Ver artículo original sobre el Palo Amarillo y artículo con reclasificación de la especie como Euphorbia fulva por Stapf).

Dr. Henry H. Rusby (left) and Dr. Fernando Altamirano (right)










Fotografía con color agregado del Dr. Henry H. Rusby (izquierda) and Dr. Fernando Altamirano (derecha)



lunes, 9 de octubre de 2017

Teodicea. Composición dedicada al Dr. Fernando Altamirano por el profesor Carlos Espino Barros en 1904.

El 7 de octubre de 1908 falleció el Dr. Fernando Altamirano.  Casi dos años después, el 3 de julio de 1910, el periódico El Tiempo Ilustrado publicó una composición que el profesor Carlos Espino Barros dedicó al Dr. Altamirano en mayo de 1904.

Carlos Espino Barros fue profesor de farmacia y trabajó en el Instituto Médico Nacional como prefecto, por lo cual tenía bajo su cuidado lo relativo a la servidumbre, a los gastos pequeños del establecimiento, a la vigilancia de los laboratorios, etc. Vivía en el mismo establecimiento para que sus cuidados fueran a todas horas. Llevaba varios libros destinados a consignar altas y bajas de los útiles y aparatos en general. Era la persona encargada exclusivamente de rendir a la Dirección y a la Pagaduría de Fomento las cuentas documentadas de la inversión de las cantidades que mensualmente se daban para gastos del establecimiento. Adicionalmente, el profesor Espino realizaba traducciones de varios documentos y artículos para el instituto.

La composición que Espino Barros dedicó al Dr. Altamirano lleva por nombre Teodicea. El mismo profesor Espino la definió como una composición filosófica y en ella expone su razonamiento, como parte de este instituto científico, sobre la existencia de Dios y sobre el ateísmo, con un final que plasma una imagen de redención y misericordia. Parece ser que este era un tema que el Dr. Fernando Altamirano y el Profesor Carlos Espino Barros abordaban abiertamente en sus conversaciones, como científicos, amantes de la naturaleza, y creyentes.

TEODICEA

Composición filosófica dedicada al señor doctor don Fernando Altamirano.

Nemo Deum negat nisi cui expedit Deum non esse. 
(Nadie niega la existencia de Dios, sino aquel a quien conviene que no haya Dios). 
SAN AGUSTÍN.

¿Quién es Dios? No lo sé; mi entendimiento 
Limitado no puede definirle.
¿Dónde está? No lo sé; mas lo presiento
Y sin verle ni oírle
Casi le escucho y su presencia siento.

Le descubro en los vivos arreboles
Que preceden al sol del nuevo día,
En el nublado de plomizas moles,
Y en la extensión vacía
Sembrada de planetas y de soles;

Veo su mano en el florido Mayo
Su pupila en el sol que nos alumbra,
Su gran potencia al desprenderse el rayo
En donde se vislumbra
De su excelso poder como un ensayo;

Oigo su voz en las cadencias graves
Que entona el mar con sus rizadas ondas,
En el gorjeo de las canoras aves
Y entre las verdes frondas,
En el susurro de las brisas suaves:

Otras veces le escucho amenazante
Ya en la estruendosa inmensa catarata,
Y en el encrespado oleaje que pujante
En el mar se desata,
Ya en el fragor del trueno rimbombante.

Yo siento un débil rayo de su esencia
Cuando recorro con ansiosa mente
Las sabias leyes de la humana ciencia,
O cuando interiormente 
Oigo la justa voz de la conciencia.

Y estudiando en el libro siempre abierto
De la naturaleza prodigiosa 
El admirable y sin igual concierto
Que reina, en cada cosa
Se revela su espíritu encubierto:

En una gota de agua se halla un mundo,
En un rayo de luz más de un problema,
Y en una chispa eléctrica un fecundo
Asunto para un tema
Que no agotará el sabio más profundo.

¿Quién al átomo de la misteriosa
Afinidad, y a la materia presta
La fuerza de cohesión y la pasmosa
Gravitación supuesta
Que al cosmos equilibra poderosa?

¿Qué artífice tendió por el espacio
Los rieles invisibles en que ruedan
Esferas de amatista y de topacio,
Sin que desviarse puedan
Ni rodar más aprisa o más despacio?

En la materia organizada, el serio
Fenómeno insondable de la vida
Encierra para el hombre un gran misterio,
En la escala corrida
Desde el pequeño insecto al megaterio:

¿Quién ingénito instinto da al gusano
Que a fabricarse un capullo acierta,
Se sepulta, y en otro azas galano
Se transforma y despierta?
¿No hay para el sabio aquí todo un arcano?

¿Quién adiestra a la araña cautelosa
A disponer sus redes con tal arte?
¿Quién instruye a la hormiga laboriosa
A la vez que le imparte
Diligencia ejemplar tan asombrosa?

¿Quién a la abeja enseña geometría,
Al castor ingenioso arquitectura,
Y a las aves viajeras geografía?
¿Quién da al perro ternura,
Amor, lealtad, instinto y valentía?

Confuso ante la sabia providencia
Que solicita atiende y alimenta
Desde el ser que doto de inteligencia
Hasta aquel que presenta
Rudimentaria y débil existencia,

Imposible es negar la omnipotente
Mano de un Dios, cuyo poder se ostenta
(En la materia bruta, e igualmente
En todo lo que alienta)
Con verdad innegable y evidente.

¿Cómo hay entonces quien a Dios no invoque
Y le niegue negando la evidencia,
Le desconozca ingrato y aún sofoque
La voz de la conciencia,
E inferior al salvaje se coloque?

¿Cuál es el hombre probo, casto y justo
Que la inmoralidad del alma niega
Y dice que no hay Dios? Solo el injusto
Y el malvado reniega
Para calmar su turbación y susto.

¡No existe el ateísmo, no hay ateos!
Para acallar la voz de la conciencia
Y darle rienda suelta a los deseos
De la concupiscencia,
Se hacen de la impiedad convictos reos;

Pero al llegar temblando a los confines
Que separan la vida de la muerte,
Donde se acaban las pasiones ruines
Y se abate el orgullo del más fuerte;
Todos claman ¡Señor, no me abomines!
¡Yo creo en ti, mi Dios, yo quiero verte!
Y en este duro trance, en este acto,
¡Perdóname, Señor, yo me retracto!

México, Mayo de 1904.

CARLOS ESPINO BARROS.