Entrada destacada

Índice de documentos presentados sobre el Dr. Fernando Altamirano

lunes, 1 de febrero de 2021

Apuntes para la biografía del doctor Fernando Altamirano



El libro Apuntes para la biografía del doctor Fernando Altamirano, escrito por Carlos Altamirano-Morales, y publicado por Letrame Grupo Editorial, está ya disponible, impreso bajo demanda, en los siguientes sitios de librerías:


En Canadá:

En Colombia:

En los Estados Unidos de América (con envíos a México):

En Francia:

En Italia:

En México:

En el Reino Unido:
Detalles del libro:
Editorial : Letrame S.L.; N.º 1 edición (2021)
Idioma : Español
Tapa blanda : 306 páginas
ISBN-10 : 8413860628
ISBN-13 : 978-8413860626
Peso del producto : 423 g
Dimensiones : 15 x 2 x 22 cm



domingo, 24 de enero de 2021

Repercusiones adicionales del trabajo de Fernando Altamirano y sus compañeros sobre el zapote blanco (Casimiroa edulis)

Algunos de los trabajos y aportes del Dr. Fernando Altamirano y de sus compañeros del Instituto Médico Nacional tuvieron tanta repercusión en el mundo, que interesaron a científicos de Europa y los Estados Unidos a profundizar más en esos estudios. Este es el caso de las investigaciones sobre las propiedades narcóticas del zapote blanco, que fue originalmente el tema de una memoria de José Sánchez, para sustentar el examen general de farmacia en 1893, titulada «Breve estudio sobre la almendra del fruto del zapote blanco», y que el instituto continuó. Como se vio, los resultados de las investigaciones de Altamirano y de sus compañeros, incluyendo la identificación de un glucósido nuevo al que llamaron casimirosa, como el principio activo, fueron publicados en mayo de 1897, y pronto fueron conocidos y difundidos por la prensa internacional. (ver enlace).

En 1900, el profesor W. Bickern, del Departamento de Farmacia de la Escuela Politécnica Federal de Zurich, Suiza, recibió a través de la compañía E. H. Worlee & Co., de Hamburgo, una muestra de semillas de zapote blanco de México. Bikern había pensado primero que la acción hipnótica provenía de la pulpa de la fruta, pero después de conocer los resultados positivos obtenidos por el Instituto Médico de la Ciudad de México en las semillas, reanudó sus estudios sobre Casimiroa edulis y se concentró en comprobar los estudios químicos de autores mexicanos. Fue entonces cuando estableció que el compuesto considerado por los mexicanos como el principio activo y tomado por José Sánchez como un alcaloide, por Fernando Altamirano y sus compañeros como un glucósido (casimirosa) era un gluco-alcaloide al que le dio el nombre de casimirina en lugar del más antiguo, y considerado por él inapropiado, de casimirosa. El estudio de Bickern se publicó en 1903 en la revista alemana Archiv der Pharmazie, con el título de Contribución al conocimiento de la Casimiroa edulis La Llave. Ahí, Bickern identificó la fórmula empírica de la casimirina como C30H32N2O5, a través del análisis elemental. Además, aisló un cuerpo libre de nitrógeno del polvo de la semilla en forma de agujas blancas que se fundían a 207°, que él denominó casimirol, con la fórmula empírica C27H48O2. (Bickern, W, 1903, Beitrag zur Kenntnis der Casimiroa edulis La Llave, Archiv der Pharmazie, vol. 241, p. 166-176). 

Al mismo tiempo, el profesor Cloëtta, también en Zurich hizo experimentos sobre la acción hipnótica de varios extractos alcohólicos o etéreos de semillas de Casimiroa en animales, sin resultados. 

En Francia, en 1901, Henri Bocquillon, realizó una investigación sobre el estudio químico de la semilla y corteza de Casimiroa edulis en su tesis doctoral en farmacia. (Bocquillon, H., 1901, Etude botanique et pharmaologique des Xantoxylées-Casimiroa).

En 1907, Henri Bocquillon le presentó al profesor Albert Robin tinturas de Casimiroa preparadas por él. Se realizaron varias pruebas concluyentes en el departamento del profesor Robin en el Hospital Beaujon. Allí, Alberto Robin y A. Coyon lo usaron durante dos años y confirmaron su acción hipnótica y antiespasmódica en un gran número de casos. Mencionaron que, a una dosis de una a dos cucharaditas, el extracto fluido hidroalcohólico de semillas de Casimiroa edulis brindaba de dos a tres horas después de su ingestión, un sueño tranquilo, sin pesadillas, que recuerda al sueño normal y seguido de un despertar sin dolor de cabeza, sin fatiga, sin náuseas; el efecto duraba cinco y seis horas. Agregaron que, sin acción nociva, se podía utilizar en ancianos, en pacientes con enfermedades renales; estaba llamado a prestar un gran servicio a los pacientes que padecía neuropatía. Solo era tóxico en dosis altas; por lo que era mejor no exceder las dos cucharaditas. Las contraindicaciones serían, citando el trabajo de los autores mexicanos: una acción paralizante de la respiración, que los franceses no observaron; una acción paralizante sobre el músculo cardíaco, que los franceses sí observaron y que contraindicaba el uso de Casimiroa edulis en condiciones donde el miocardio estaba dañado (Robin, A. y Coyon, A, 1909, De l’emploi du Casimiroa edulis ou Zapoté blanco comme hypnotique, Bulletin général de thérapeutique médicale, chirurgicale, obstétricale et pharmaceutique, 158, p. 16-17). 

En 1909, uno de los alumnos del profesor Robin, Louis Vincent, reanudó el estudio terapéutico de la Casimiroa edulis y realizó su tesis inaugural sobre este producto desde un punto de vista botánico, fisiológico y terapéutico. En su trabajo, Vincent nombró numerosas veces al Dr. Fernando Altamirano. Vincent mencionó que, en 1898, el Instituto Médico de la Ciudad de México nombró una comisión que, bajo la dirección del profesor Altamirano, retomó el estudio químico y botánico de Casimiroa y buscó además establecer la acción fisiológica y terapéutica de los extractos de la planta. Agregó que el resultado de estos estudios realizados por los doctores Ramírez en botánica, Rio de la Loza y Loza y Villasenor en química, Armendaris y Altamirano en fisiología, Torres y Orvananos en terapéutica, apareció in extenso en el volumen 2 de los Datos para la Materia Medica Mexicana en 1898. Vincent aclaró que cuando en su tesis informara los estudios del Instituto de México, sustituiría el nombre de cada miembro del comité por el nombre del director, el profesor Altamirano. Por eso, Altamirano fue tantas veces nombrado en este trabajo. Las conclusiones de Vincent en el área terapéutica fueron que la Casimiroa edulis podía brindar grandes servicios terapéuticos como hipnóticos, y merecía ocupar un lugar importante en el arsenal terapéutico, porque no presentaba ninguno de los inconvenientes que tantas veces limitan el uso de otros hipnóticos, en particular el opio. Además, que el extracto fluido de las semillas utilizado en una dosis de una a dos cucharaditas, de 3 a 6 gramos, producía, aproximadamente dos horas después de la ingestión, un sueño tranquilo y reparador de cinco a seis horas. Esta acción era especialmente clara en el insomnio por excitación nerviosa. Por otra parte, concluyó también que la dosis tóxica del extracto es muy alta (se requería una cantidad muy alta para ser tóxica) y que a las dosis terapéuticas indicadas, no tenía efecto sobre la albuminuria y la temperatura; la presión arterial no parece estar influenciada. Finalmente, advertía que, dada su acción depresiva claramente observada en animales, el extracto de Casimiroa no debía prescribirse en pacientes cuya fibra cardíaca esté afectada (miocarditis) y que esta era la única contraindicación (Vincent, L., 1909, Contribution à l'Etude du “Casimiroa Edulis”, Bulletin général de thérapeutique médicale, chirurgicale, obstétricale et pharmaceutique, 158, p. 193-212, 241-262, y 291-293). 

Por otra parte, ese mismo año, a petición del profesor Albert Robin, el Dr. J. Chevalier realizó un estudio químico y fisiológico del fármaco. Chevalier pudo confirmar el trabajo de Bikern y Bocquillon desde un punto de vista químico. Aisló de la semilla, por el método indicado por Bikern, el gluco-alcaloide de Casimiroa y pudo observar con gran asombro que este cuerpo en dosis elevadas se determinaron accidentes tóxicos, pero ningún efecto hipnótico en los distintos animales del experimento. Por ello, según Chevalier, el glucoalcaloide no era el agente hipnótico del extracto, sino que la acción sedante sobre el sistema nervioso central probablemente venía de la esencia (aceite esencial) y las resinas del mismo. Esto explicaba, según él, por qué el profesor Cloëtta no pudo obtener un efecto hipnótico con extractos alcohólicos o etéreos que sí contenían el glucoalcaloide, pero casi no contenían resina ni aceite esencial. Chevalier menciona: «A petición del profesor Albert Robin, recientemente retomé el estudio farmacodinámico de Casimiroa edulis, que había utilizado durante algún tiempo en su práctica médica con éxito como hipnótico. Primero operé con un extracto de semilla hidroalcohólico después de expulsar el alcohol al vacío a baja temperatura; Obtuve una masa aceitosa de color marrón que no era completamente soluble en agua, pero que se emulsionaba con la suficiente facilidad para inyectarla en animales, y que poseía un fuerte olor aromático que recuerda al extracto de lúpulo. También, según las indicaciones de W. Bickern, he aislado y experimentado con el glucoalcaloide que él había estudiado desde el punto de vista químico. Así pude observar entre estos dos preparados una diferencia considerable de acción farmacodinámica: mientras que el extracto determinaba claramente los efectos hipnóticos indicados por los autores mexicanos, en particular por Altamirano, el glucoalcaloide, solo tenía efectos, parálisis tóxica, pero no tuvo un efecto marcado sobre la actividad cerebral y la sensibilidad»  (Sobre la acción farmacodinámica de Casimiroa edulis). Más adelante concluye: «Por tanto, de este estudio concluyo que la actividad terapéutica del fármaco debe atribuirse sobre todo al aceite esencial y a los materiales resinosos más probablemente resultantes de la oxidación de este aceite esencial. Esta hipótesis es consistente con el hecho ya señalado por Altamirano de que el extracto de corteza no determina la hipnosis en los animales, sino solo los accidentes tóxicos. Esta corteza no contiene aceite esencial. Por lo tanto, desde un punto de vista práctico, solo se darán preparados grasos. No se deben buscar resultados satisfactorios y su contenido de alcaloides. Sin embargo, deben obtenerse fríos o al menos a baja temperatura para evitar cualquier pérdida de la esencia (o aceite esencial)» (Chevalier, J., 1909, Sur l'action pharmacodynamique du Casimiroa edulisSur l'action pharmacodynamique du Casimiroa edulis, Bulletin général de thérapeutique médicale, chirurgicale, obstétricale et pharmaceutique, 158, p. 96-101).


Fragmentos del trabajo de Louis Vincent, «Contribution à l'Etude du “Casimiroa Edulis"», de 1909, en el que menciona al Dr. Fernando Altamirano.



sábado, 16 de enero de 2021

31 de enero de 1900. Tequampatli.

31 de enero de 1900. El Dr. Fernando Altamirano presentó su lectura de turno titulada Tequampatli, en la junta mensual del Instituto Médico Nacional, la cual fue publicada ese año en los Anales del Instituto Médico Nacional, tomo IV. 

Sobre esta planta, Altamirano concluyó lo siguiente: «Se ve, pues, que el Tequampatli es bien tóxico y que se confirma la creencia antigua de sus propiedades venenosas. Se confirma también que es útil para envenenar á las fieras como hacen los campesinos actualmente, siguiendo el método que puse yo en práctica: la ingestión por el estómago con carne. Llama sí la atención que la dosis de 28 gramos no haya sido mortal para el perro, pues en esta cantidad ya se dificulta que los animales coman espontáneamente la mezcla tóxica, no obstante que la corteza carece de todo sabor y olor, lo que es gran ventaja para su administración como veneno. Nuevas investigaciones nos aclararán esta duda».

Este estudio fue publicado nuevamente veintiocho años más tarde, el 1 de abril de 1928, en el periódico La Farmacia, con la siguiente nota: «Como demostración de la importancia de los estudios que se hicieron en el Instituto Médico Nacional, de feliz recordación, publicamos un trabajo del señor Fernando Altamirano, acerca de una planta indígena, de notables propiedades tóxicas, análogas a las de la estrictina».


TEQUAMPATLI

Historia.— 

    Hace mucho tiempo que en mis diversas excursiones, sobre todo al Estado de Morelos, se me refirió que habla un bejuco con que se envenenaba a los coyotes. Se les hace tomar este veneno machacando la raíz de la planta entre dos piedras y mezclando el jugo y parte de pulpa con carne, la que se colocaba en sitios adecuados para que fuera comida por los animales. 

    Yo colecté un ejemplar de tallo simplemente, por ser el único que había de la planta en el camino que conduce de Miacatlán a Palpan en el año de 1876. Era en efecto de una planta sarmentosa, recubierta por un súber grueso, blando y de color moreno. Ensayado en los animales después de algún tiempo de colectado no produjo fenómeno alguno. En vista de este resultado negativo se abandonó el estudio de esta planta, creyendo que era inerte o que no era el verdadero Tequampatli el que yo había recogido. 

    Mas en este último viaje que hice a Jojutla en el mes próximo pasado, se me volvió a referir la misma historia de la planta en cuestión, asegurando los indios que ellos lo tenían bien ensayado. 

    Habiendo recibido la raíz que envió el Dr. Espinosa por mi encargo, hice su estudio morfológico y fisiológico, y encontré, como veremos, que esa planta es probablemente una gonolobus dotada de propiedades enérgicas. Pero antes de referir mis estudios quiero dar a conocer lo que escribió el Dr. Hernández sobre dos plantas que llamó Tequampatli y cuyos datos copio de la traducción que hice de la obra. 

  • Tequampatli. Veneno de fieras. ¿Apocináceas? ¿Asclepiadeas? 

«Caracteres, según Hernández». 

Raíz, semejante a rábano; hojas del tamaño y figura de corazón, por abajo hirsutas, por encima blanquizcas. 

Tallo: áspero y delgado de dos palmos de largo (50 a 60 centímetros). 

Flores blancas y medianas.

Lugar de vegetación: en los montes de Palpan, 

Propiedades: mata a los leones, tigres y otras fieras. 

  • Tequampatli. 

Caracteres, según Hernández

Raíz: semejante al Gamón o Camotl, suave y blanca. Tallos delgados y redondos. Hojas como las del Diente de León. Flor ninguna, según dicen. 

Propiedades: de sabor algo amargo. 

Aplicaciones: cura los tumores malignos; se le unta después de molida. 

Lugar de vegetación: lugares templados, altos o planos, de las Mixtecas inferiores. 


    Hay pues dos plantas distintas que llevan el nombre de Tequampatli. De una se dice terminantemente que es tóxica y de la otra no se dice que lo sea. La primera está escrita de distinto modo que la segunda, lleva m donde la otra tiene n, sin que se sepa si esto constituye un signo distintivo. 

    Veamos lo relativo a la planta que se me remitió de Jojutla. 


DESCRIPCIÓN DE LA DROGA. 

Tequampatli, ¿Asclepiadeas. Gonolobus? 

Origen. — Remitido de Jojutla, Estado de Morolos, por el Sr. Dr. Amador Espinosa. Refiere que el lugar de vegetación es Xicatlacotla, del Estado, de Guerrero a cuatro leguas de Jojutla. 

Caracteres. — Rizomatosa en fragmentos de 10 a 40 centímetros de largo, cilíndrica, algo flexuosa, con muy pocas ramificaciones y casi privada de radículas. Superficie exterior rugosa con tierra y con estrías longitudinales en el súber que es muy grueso, blando, de color de café. 

Corte transversal: porción cortical de color blanco obscuro y firme, dejando exudar un abundante jugo lechoso. Entre la corteza y el leñoso una delgada línea obscura que corresponde al cambium. 

El cilindro leñoso central, blanco amarillento, con finas estrías radiales, anchos vasos cuyas secciones abiertas se ven a la simple vista. 

El centro está ocupado en algunos ejemplares por médula blanca pequeñita. 

Olor y sabor, nulos. 

Caracteres anatómicos. 

Súber grueso de células en hileras radiales conteniendo una substancia café. 

Parenquima cortical con abundantes cristales en macles, laticíferosy almidón. 

Líber sin fibras, con abundantes cristales y laticíferos y constituido por un tejido denso cuyas células pequeñas están dispuestas en series radiales, que contienen almidón y cristales. 

El leñoso presenta abundantes rayos medulosos de una sola hilera de células punteadas conteniendo almidón. 

Los vasos son anchos, varios acuplados y encerrandos todos, ¿un abundante micelio de hongos? 

La médula pequeña. 

Laticíferos no articulados, bastante anchos, con numerosas ramificaciones transversales. Aparecen con un color moreno y su contenido finamente granuloso, pero el látex que se hace brotar es enteramente blanco inodoro e insíl)ido. Se concreta pasado algún tiempo en una masa suave de consistencia cerosa y de color negro en ciertos puntos. 

Según estos caracteres anatómicos, la raíz del tequampatli es una Asclepiadea probablemente del género gonolobus. 

Es además tóxica, produciendo fenómenos análogos a los de la estricnina, como se puede ver en la parte fisiológica, y encierra un principio alcalóidico en abundancia. 


Experimentación fisiológica. 

    Ensayé el cocimiento de la corteza inyectándolo bajo la piel en varias palomas. El resultado obtenido fue que 1 gramo de corteza produjera los síntomas de intoxicación sin la muerte y que 2 gramos mataran al animal. 

    Los síntomas principales fueron la pérdida de la coordinación de los movimientos al principio y después contracciones tetaniformes y suspensión de los movimientos respiratorios, produciéndosela muerte por asfixia. 

    Durante los accesos tetaniformes, éstos no se aumentaban ni se provocaban una vez pasado el acceso por los tocamientos del animal ni por el sonido, carácter distintivo con los accesos estrícnicos. 

    A un perro administré 25 gramos de polvo de corteza fresca mezclados con carne. Hice ingerir la mezcla al animal en ayunas y se produjeron los síntomas tóxicos bien marcados como una hora después. Lo principal que se observó fue abundantísimo ptialismo, más que si hubiera tomado el perro pilocarpina, perturbación de la motilidad y accesos tatiformes como en la paloma sin llegar a interrumpirse la respiración. El animal duró con los síntomas de envenenamiento como 6 a 8 horas y volvió a su estado normal. 

    Se ve, pues, que el Tequampatli es bien tóxico y que se confirma la creencia antigua de sus propiedades venenosas. Se confirma también que es útil para envenenar a las fieras como hacen los campesinos actualmente, siguiendo el método que puse yo en práctica: la ingestión por el estómago con carne. Llama sí la atención que la dosis de 28 gramos no haya sido mortal para el perro, pues en esta cantidad ya se dificulta que los animales coman espontáneamente la mezcla tóxica, no obstante que la corteza carece de todo sabor y olor, lo que es gran ventaja para su administración como veneno.

    Nuevas investigaciones nos aclararán esta duda. 


México, Enero 31 de 1900. — F. Altamirano.












miércoles, 25 de noviembre de 2020

El Añil. 1894

    El Dr. Fernando Altamirano publica su artículo «El Añil» en la primera parte de los Datos para la Materia Médica Mexicana, de 1894. En este artículo, él detalla la descripción botánica de la planta conocida científicamente como Indigofera anil, y vulgarmente como añil, índigo, hacehoitli o mahuitli, la historia de su conocimiento, así como su composición química, acción fisiológica y aplicaciones terapéuticas. Menciona que el añil se ha aplicado a la curación de las afecciones del sistema nervioso principalmente, y como purgante, y concluye que «el añil es un purgante enérgico cuya acción se prolonga mucho y se ejerce particularmente sobre las últimas porciones del intestino». Y sobre los resultados de sus cinco experimentos con el añil dice: «1° Que no se absorbe, o lo es muy poco, ni el índigo azul ni el índigo blanco, sea que se apliquen por la vía gástrica o por la subcutánea. 2° Que parece no tienen acción fisiológica general. 3° Que la única acción fisiológica bien determinada fue la de obrar como purgantes, ejerciendo sus efectos principalmente en las últimas porciones del intestino, efectos que duran largo tiempo y excitan fuertes contracciones intestinales. 4° Que el principio activo aun no está bien determinado químicamente». 


EL AÑIL

Indigofera añil. — Leguminosas. 

HISTORIA.

    Las plantas que producen añil son numerosas y conocidas desde la antigüedad. Los mexicanos las conocieron y las utilizaron tanto en la medicina como en la industria. Preparaban principalmente con la especie que nos ocupa el pigmento azul que ellos llamaban Hacehoitli o Mahuitli , y que nosotros llamamos añil. Este pigmento lo usaban para teñir, y las hojas, frutos y raíces de la planta para curar. Hacían con las hojas cataplasmas o cocimientos que aplicaban para calmar el dolor y excesivo calor de la cabeza de los niños, y con las semillas en polvo curaban las úlceras, etc. 

    El Sr. Dr. Vicente Cervantes al hablar del añil en su Ensayo para la Materia Médica Vegetal de México, refiere que es producido por la Indigofera tinctoria; que los chinos toman la planta al interior como antídoto del arsénico y del mercurio; y que poniendo en la boca un grano de añil para que desleído en la saliva pueda tragarse, se cura el hipo, según asienta el Padre Alzate en sus Gacetas. 

    El Dr. L. Oliva se limita a citar el índigo como un buen antiespasmódico; recomienda que se use la indigotina en vez del añil, y dice que la dosis en que se usa este último es de media onza. 

    Duchesne, en su Repertorio de las plantas útiles, dice: que la Indigofera mexicana tiene las mismas propiedades que las demás especies usadas en las Indias Orientales y otras partes del mundo donde usan la planta para curar los cólicos intestinales, la locura, las intermitentes y la epilepsia. 

    Según Grrosourdy, en las Antillas se le dan a la planta del añil varias aplicaciones medicinales. 

    O. Reveil, en su formulario de los medicamentos nuevos, del año de 1865, es uno de los pocos autores en que hemos visto citado el añil o índigo aplicado a la medicina en vez de la planta. Dice que es muy alabado para curar la epilepsia, en la que ha dado buenos resultados, y que se debe administrar según la fórmula que veremos después. 

    En la Materia Médica Colonial por A. Corre (1887), se dice que la Indigofera tinctoria es estomática, febrífuga, antiespasmódica y antiepiléptica; las raíces son diuréticas. Las semillas en polvo o las raíces en maceración de tafia de añil, son un buen medio de destruir los piojos, según Lharminier. 

    A medida que se han usado estas plantas, se les ha ido sustituyendo por su principio tintorial, aunque sin saber positivamente si ese pigmento sería o no la parte activa. 

    Pero ese es el hecho, y de allí ha resultado que figure ya el referido pigmento en los formularios de materia médica, recomendado especialmente contra la epilepsia. 

    Tal es por ejemplo el formulario de terapéutica aplicada del Dr. A. Ferrand (1890), cuyas fórmulas veremos en la parte respectiva. 

    El uso del índigo es popular entre nosotros. El vulgo lo aplica con éxitos sorprendentes algunas veces para combatir los empachos de los niños (enteritis con retención de materias indigestas). 

    Varios médicos mexicanos han usado también este pigmento para combatir sea los empachos de los niños, sea la eclampsia infantil, para cuya enfermedad la recomienda también el famoso clínico francés Jaccoud, indicando que se envuelva a los niños eclámpticos en una camisa teñida de añil. 

    De un trabajo inédito sobre la acción fisiológica del añil y sus indicaciones terapéuticas, hecho por los Dres. Manuel Domínguez y F. Altamirano, hace algún tiempo, hemos tomado algunos datos históricos sobre la substancia que nos ocupa y las experiencias fisiológicas que hicieron en los animales, los que expondremos en su lugar respectivo. En lo relativo a la historia copiamos lo siguiente: 

    «El añil, decía él Sr. Lucio, ha encontrado en la medicina práctica útiles aplicaciones para diversas enfermedades, y entre ellas contra la epilepsia, horrible neurosis que las más de las veces resiste a los esfuerzos médicos, y que cuando no mata al enfermo, degrada lastimosamente su inteligencia. Recomendado el añil por algunos médicos extranjeros, fue empleado por el Sr. Dr. Ladislao de la Pascua en una señora que llevaba ya largos años de padecer el gran mal epiléptico á pesar de los muchos recursos empleados en su favor, y esta señora al cabo de algún tiempo de tomar el añil, á la dosis de 3 á 4 gramos diarios, vio desaparecer el mal de una vez y para siempre. 

    »Pereira, en su obra de Materia Médica, 1854, que acaso es uno de los que más se ocupan del añil, en sus aplicaciones terapéuticas, dice á este respecto: que ha sido empleado en esos últimos años como medicamento, y que sus efectos fisiológicos fueron estudiados en el hombre enfermo por el Dr. Rhot». 

    En el periódico de la Academia de Medicina de México, publicado en 1838, pág. 75, se encuentra una nota del Sr. Dr. Manuel Carpió que en resumen dice: M. Noble comunicó a la Academia de Paris los resultados que había obtenido del empleo del índigo en la epilepsia. Curó con esa substancia a tres epilépticos antiguos: uno sufrió los ataques desde la edad de 10 años hasta los 18, otro desde los 4 años hasta los 20, y el tercero desde la edad de 20 años hasta los 39. Las dosis usadas fueron de 3 a 4 dracmas. En el primer enfermo se produjeron espasmos musculares análogos a los que provoca la estricnina. En los otros dos las mismas dosis sólo causaron diarrea bastante fuerte. El Dr. M. L. Noble, médico de Versalles, confirmó estos resultados y agregó que en ninguno de los enfermos ha producido el índigo accidentes en la dosis de 4 dracmas, sólo en uno de ellos se notaron contracciones musculares. 

    Por último, me parece oportuno indicar como dato histórico que el añil fue señalado el año de 1891 en el programa de los estudios anuales del Instituto Médico como uno de los productos medicinales del país, para ser estudiado en sus aplicaciones médicas. 

    Pasó desde luego este estudio áanumerosos que ya se tenían sobre esa droga, era suficiente para proceder desde luego a ensayarla en los enfermos del hospital. Así se hizo, y los resultados terapéuticos, que veremos más adelante, fueron publicados en el periódico del Establecimiento. 

    En seguida fue designado al Dr. Govantes para redactar el artículo relativo a esa substancia que debía aparecer en la obra de Materia Médica; pero la muerte nos lo arrebató prematuramente, los trabajos quedaron apenas comenzados y sin estudiarse por las otras Secciones varios puntos que se les iba a proponer. 

    Entre las cuestiones que habíamos convenido con el Dr. Govantes que se estudiaran, recordamos éstas: 

    Que se investigara rigurosamente la acción fisiológica y terapéutica del índigo azul y la del índigo blanco, así como la de algunos de los principales cuerpos del grupo del índigo, como la indigotina, la isatina, el indol, oxindol, dioxindol, etc.,, para cuyo estudio se prepararon unos de estos cuerpos y se pidieron al extranjero otros especiales, que obtuvimos cuando ya el Sr. Govantes no pudo estudiarlos. 

    Otra cuestión era que ensayara la planta del añil en el tratamiento de la epilepsia. 

    Y en fin, que se averiguara si en el índigo del comercio, que, como se verá, es una mezcla ele varios principios, ¿no habría alguno de acción fisiológica notable, tal vez tóxico, y al que se debieran especialmente los efectos terapéuticos del añil? Se comprende que si así fuera, esto nos explicaría la variabilidad de los efectos del índigo en el organismo humano observados por el Dr. Rhot, entre cuyos efectos, como dice este señor, hay unos que se parecen a los de la estricnina, y que se observan muy marcados en unas personas y en otras no. Igual variación se nota en las dosis: unas veces con 0.50 centigramos se manifiestan efectos enérgicos, y otras con 30 gramos no se produce nada notable. 

    Además, si a estas consideraciones agregamos que el índigo comercial es preparado por fermentación en condiciones variables de un lugar a otro y de un año a otro, en climas cálidos, etc., se comprende que debe ser un producto siempre variable de composición y que bien puede contener, en ciertas circunstancias, toxinas y microorganismos especiales, etc. 

    El estudio terapéutico del índigo, como se ve, es complexo, difícil y largo. Para completarlo era preciso dilatar mucho la publicación de este artículo ya anunciado, y en la disyuntiva de este aplazamiento indefinido o la publicación inmediata del material incompleto que ya se tenía sobre el asunto, optamos por lo segundo, porque lo juzgamos de interés y porque ya puede servir de guía a los prácticos para emprender estudios y aplicaciones diversas del añil cuando se les ofreciere. 

    Si la historia del añil en sus aplicaciones médicas es interesante y extensa, lo es más en lo relativo a la química. Ha dado lugar a multitud de derivados y compuestos diversos de los cuales no nos corresponde hablar aquí. Ha figurado en grande escala por sus aplicaciones tintoriales, llamando allá, hace algunos años, la atención de los químicos y de todo el mundo por su explotación industrial; pero hoy casi está olvidado y a nosotros sólo nos corresponde ocuparnos de él en sus aplicaciones médicas. 

BOTÁNICA.

    Indigofera añil, Linn. Mant. p. 292. Bot. Mag. t. 6,506. 

    Sub-arbusto de 1-2 metros de altura, cano-pubescente, con pelos aplicados insertados por el medio; hojas imparipinadas, de 10-12 centímetros de largo, pínulas en 3 o 6 pares, foliólos de 2 a 4 centímetros, variables en la forma, de lineal-oblongos a obovadooblongos, o casi obcordiformes, estipulas aleznadas; racimos plurífloros con el eje erguido y mucho más cortos que las hojas; flores de 6 milímetros de largo, pedúnculos cortos, calix muy corto, con dientes triangulares; estandarte con pelos en el dorso, orbicular, verdoso, alas oblongas, de color de rosa y de la longitud de la quilla, que es angosta; legumbres numerosas, lineal-oblongas, lisas, encorbadas hacia arriba, obtusamente 4-angulosas, con pico y 6-10 semillas. Vegeta en San Blas, Tepic, Hacienda de la Laguna, Córdoba y Regla. 

    Observaciones.— Es bien sabido que las indigóferas de las que se extrae la materia colorante, han sido cultivadas por muchos años, y que en consecuencia presentan variedades debidas a esta causa. El añil o índigo que se encuentra en el comercio proviene de varias especies, como son las Indigofera añil, argéntea, disperma y tinctoria; pero como la primera de las mencionadas ha sido una de las más conocidas, por esa razón la hemos tomado como tipo. La especie que representa la lámina adjunta a esta memoria, la consideramos como una variedad de la Indigofera añil, semejante a la variedad polyphylla de D. C., pero de la que se diferencia por el tamaño de los frutos, que son muy grandes en esta última, por lo que se le designa en Michoacán con el nombre vulgar de cornezuelo. 

    Descripción de la droga. — El añil del comercio se encuentra muy comúnmente en trozos irregulares que varían de tamaño entre un limón y una avellana, presentando siempre alguna o varias caras bien planas, indicando esto que provienen los pedazos de panes grandes de caras planas. El color es azul obscuro, con visos color de cobre, más perceptibles éstos en los lugares de frotamiento. Basta frotarlos con el dorso de la uña para hacer resaltar este aspecto cobrizo. Es ligero, quebradizo, sin olor, de sabor áspero y desagradable. Arde aproximándolo a una llama, desprendiendo humos obscuros cuando ya han ascendido, pero de color violado hermoso en el punto en que se desprenden cerca de la llama. Estos vapores se cristalizan en el mismo fragmento quemado, sobre todo cuando el calentamiento se ejecuta colocando el añil sobre una lámina. Los cristales son pequeños, brillantes y con reflejos morados, agrupándose con el aspecto de la limadura de hierro atraída por un imán. Estos vapores se condensan también fácilmente sobre cualquier cuerpo frío, pero no siempre quedan bien formados los cristales. Al quemarse el añil se desprende un fuerte olor repugnante y característico de este cuerpo. 

    Las cenizas que quedan son rojizas ligeramente, producen poca efervescencia con un ácido y no se disuelven totalmente en ácido clorhídrico diluido. La cantidad de cenizas que da el añil común es de un 75 por ciento. Encierra, pues, solamente el 25 por ciento de indigotina con las otras materias orgánicas solubles en agua y en alcohol. 

PARTE QUÍMICA.

    La composición del pigmento, tal como se le encuentra en el comercio ha sido analizado por diversos químicos eminentes. El índigo de Guatemala, por ejemplo, lo fue por Chevreul quien señala los componentes que siguen: 

        Amoniaco. 

        Materia verde. 

        Índigo blanco. 

        Extractivo. 

        Goma. 

        Resina roja o rojo de índigo. 

        Índigo azul o indigotina. 

        Carbonato de cal. 

        Peróxido de hierro. 

        Alúmina. 

        Sílice. 

    El índigo del comercio no es pues un principio inmediato puro, sino una mezcla de las diversas substancias que se acaban de indicar. Se considera como el principio inmediato más importante a la indigotina, que constituya la cuarta parte próximamente de la masa total de índigo. Se aísla agotando sucesivamente el añil por el agua, el alcohol y ácido clorhídrico. Se obtiene así la indigotina mezclada con sílice, de la que se separa en último término por medio de la sublimación. 

    La indigotina tiene los caracteres siguientes: es de un soberbio color violeta, inodora e insípida, volátil sin descomposición, bajo la forma de vapores de color de púrpura que se condensan en agujas color de cobre. 

Es azoada y tiene por fórmula C16 H5AzO ? Es enteramente insoluble en el agua, en el alcohol y en los ácidos y álcalis, diluidos. El ácido sulfúrico concentrado la disuelve, formando un bello licor azul, que se designa con el nombre de ácido sulfo-indigótico. Bajo la influencia del ácido nítrico y de otros reactivos se descompone y se transforma, dando origen a numerosos cuerpos. 

    El índigo azul es decolorado fácilmente, poniéndolo en contacto a la vez con un álcali y un cuerpo ávido de oxígeno, como glucosa, protosulfato de fierro, etc. Se cambia entonces en índigo blanco, que es soluble en los álcalis débiles y también muy ávido de oxígeno. Tan pronto como se pone en contacto del aire o de cualquiera substancia que le ceda oxígeno, pasa inmediatamente al estado de índigo azul, se hace insoluble y se precipita. 

    Se admite que el añil existe en la planta que lo produce al estado de índigo blanco, el que bajo la acción de la fermentación y de la oxidación del aire pasa a formar el índigo azul. De manera que no será indiferente para el medico administrar a un enfermo la planta del añil o el pigmento ya aislado, ni dar el índigo azul en vez del índigo blanco, ni propinar la indigotina en sustitución del índigo del comercio. 

Con lo que hemos dicho sobre la parte química de este cuerpo nos parece suficiente, para aplicar el índigo a la medicina. Así es que, omitimos a propósito referir la historia de todas sus aplicaciones industriales, y la de los numerosos cuerpos a que ha dado origen, así como exponer los procedimientos industriales de preparación. 

PARTE FISIOLÓGICA.

    Los efectos fisiológicos del añil, según las observaciones del Dr. Rhot en los enfermos, son los siguientes: 

    Poco tiempo después de haberle tomado el paciente experimenta una sensación de constricción en las fauces y la impresión de un sabor metálico en la lengua, en seguida náuseas y frecuentemente vómitos. La intensidad de estos síntomas varía con los diferentes casos; en algunos el vómito es tan violento que impide se siga el uso del remedio, y las materias vomitadas no presentan particularidades sino en su color. Cuando el vómito sobreviene, hay comúnmente diarrea, las evacuaciones son más frecuentes, líquidas y de un color azul o negruzco. Los vómitos y la diarrea son acompañados frecuentemente de cardialgias y de cólicos; algunas veces estos síntomas aumentan a tal grado que impiden se siga empleando el medicamento. Algunas veces sobrevienen dispepsias y vértigos, la orina toma un color moreno obscuro, pero el Dr. Rhot jamás ha encontrado la materia tintorial tiñéndola. Después de una semana de usar el índigo, se ha observado tirantez en los músculos como la que se sigue al uso de la estricnina. Hasta aquí el Doctor Rhot. 

    El índigo no ha sido objeto de estudio fisiológico en los animales, al menos que nosotros sepamos, no obstante las numerosas obras que hemos consultado, como se verá en la bibliografía. Y sin embargo de esto ha sido muy usado ya en la terapéutica por los médicos, y aún hoy se le recomienda en los nuevos formularios. Estas consideraciones y sobre todo que es un medicamento popular entre nosotros, producido por una planta del país o aclimatada, nos obligaron a considerar esta medicina en nuestro programa de estudios anuales como ya dijimos. 

    Experimentación fisiológica . — Hace algunos años que en compañía del Sr. Profesor de Terapéutica Dr. M. Domínguez, practiqué varios experimentos en animales, administrándoles el índigo azul y el índigo blanco, ya por la vía subcutánea, ya por la vía gástrica. Nos proponíamos averiguar cómo se absorbía este pigmento insoluble y su acción sobre el intestino y sobre el sistema nervioso. El objeto de esos experimentos era resolver los puntos siguientes: 

    1° ¿El añil diluido en agua puede ser absorbido? 

    2° Si se absorbe ¿hacia qué aparatos o tejidos dirige su acción? 

    3° Deducciones terapéuticas que ministren sus efectos fisiológicos. 

    4° Dosis a que puede y debe ser empleado para obtener los efectos de su indicación. 

    Nos pusimos la cuestión primera por dudar que una substancia insoluble, según hemos apuntado, en la generalidad de los menstruos, pudiera ser absorbida sin previa modificación substancial. Para averiguar si esto es cierto y cuál sea la transformación o modificación indicada hicimos el siguiente experimento: 

    Primer experimento. — A un perro de talla mediana y flaco pero de carácter vivo, le inyectamos dos gramos de añil diluidos en agua. Al día siguiente el animal estaba triste, comía bien y evacuaba con pujo y con dolor materias duras y semisólidas de color verdoso. Se examinó el lugar de la inyección, abriendo la piel y disecándola en cierta extensión para averiguar la cantidad que se hubiera absorbido del índigo. Se encontró que la mayor parte, casi todo el líquido azul inyectado se había conservado en el tejido subcutáneo, y se anunciaba que el índigo estaba en vía de reducción, a juzgar por las vetas de color verde que se destacaban sobre el líquido azul. De esta experiencia inferimos, que probablemente sólo parte del índigo se había reducido y que se había absorbido un principio que obró como purgante. Este principio podía ser el índigo mismo que se hubiera reducido a un estado soluble o bien alguno otro de los que forman la pasta azul del comercio. 

    Segundo experimento. — Para averiguar si el índigo reducido se absorbía, hicimos lo siguiente. Preparamos índigo blanco, según la fórmula que veremos después, y se inyectaron 30 gramos de esa solución a un perro pequeño en el tejido subcutáneo de un costado. Durante la operación no pudimos evitar que penetrara algo de aire en la jeringa, produciendo la oxidación de una porción del añil. 

    El perro no dio indicios de dolor durante la inyección, ni se presentaron fenómenos imputables a la absorción de la substancia. En 24 horas no evacuó el animal. Examinado el líquido inyectado en el lugar de la incisión, abriendo los tejidos, se encontró que todo el índigo blanco había pasado al azul, esto es, se había oxidado y que había desaparecido una parte del líquido. Este hecho nos probaba que aun en los tejidos subcutáneos se oxida rápidamente el índigo blanco, y que no es absorbido ó, por lo menos, que si lo es será en proporciones pequeñísimas. 

    Para comprobarlo repetimos el mismo experimento dos veces, teniendo cuidado en los dos de evitar completamente la introducción de aire en la jeringa. Así logramos ver que el índigo blanco no se absorbe rápidamente y que, si es cierto que se transforma en azul debajo de la piel, no lo hace tan pronto como en el aire, pues que una o dos horas después de inyectado lo encontrábamos aún sin haberse cambiado del todo en índigo azul. 

    Como se ve, con el índigo blanco no se produjeron fenómenos generales, ni los efectos algo purgantes que se presentaron cuando se inyectó el índigo azul, lo que parece indicar que si en uno y otro caso se ha absorbido el índigo blanco en cantidades pequeñas no causa en esa dosis ninguna perturbación, ni se deben imputar a él los efectos purgantes que se observaron con el índigo azul. 

    Tercer experimento. — Para darnos cuenta de la acción que pudiera ejercer el índigo blanco sobre los tejidos, inyectado por la vía intravenosa, practicamos otros experimentos, cuyo resultado es en resumen el siguiente : 

    Introduciendo por la arteria crural solución de índigo blanco y recogiendo a la vez la sangre de la vena, notamos que la sangre no salió azul, pero que sí se tiñeron de este color todos los tejidos del miembro inyectado. 

    En otro experimento introdujimos, con las precauciones aconsejadas, por una de las venas crurales, 180 centigramos cúbicos de solución de índigo blanco. El animal murió a las tres horas, no precisamente por la inyección, pues se le había practicado también una operación en el vientre poco antes. La autopsia nos manifestó lo siguiente como más notable: los músculos y' tejidos conjuntivos, después de algún tiempo de recibir directamente «el contacto del aire, tomaban una coloración más obscura y aspecto opalino, lo mismo que la mucosa gastro-intestinal después de lavada. La mucosa de la vesícula biliar azulada. Los riñones estaban abultados, de color obscuro. Lavándolos dejaban percibir un tinte azulado en sus pirámides. En la orina que contenía la vejiga, nada notable, ni tampoco en la que recogimos durante la vida. Los gánglios mesentéricos eran de color azul, casi negro. Los pulmones presentaban placas de color azul. El músculo cardíaco de color obscuro, pero su tejido grasoso claramente azulado. En las meninges y cerebro nada notable. Por último, en la sangre se encontraron los caracteres espectroscópicos normales, los glóbulos con su coloración propia y la fibrina teñida de azul. 

    De estos experimentos inferimos que el índigo blanco parece no producir prontamente fenómenos generales en el organismo; que se oxida rápidamente al contacto de la sangre, tal vez tomando el oxígeno de los glóbulos sin alterarlos ni unírseles. Según parece obra sobre ellos, como lo hacen los elementos anatómicos normales, que toman el oxígeno que necesitan sin privar al glóbulo de la propiedad de volverse a cargar de él. Por último, que una vez transformado el índigo blanco en azul, se deposita éste en los diversos tejidos tiñéndolos. 

    Con los experimentos preliminares anteriores algo habíamos entrevisto de la solución a las dos primeras cuestiones que nos habíamos puesto, a saber: si el añil desleído en agua era absorbido por el tejido subcutáneo, y en caso de serlo, hacia qué órganos o funciones dirigía principalmente su acción. Decimos que algo habíamos entrevisto porque ya podíamos responder respecto de la primera cuestión, que no se absorbe el añil prontamente ni en totalidad, sea que se inyecte al estado de índigo azul o bien de índigo blanco. Con respecto a la segunda cuestión aunque menos podemos decir, sí obtuvimos indicios de que, en caso de ser absorbido el añil en fuerte dosis, no es de temerse que produzca graves y rápidos desórdenes en la economía; que aun cuando el índigo blanco es muy ávido de oxígeno y era de temerse que una vez en el torrente circulatorio redujese la hemoglobina alterando los glóbulos y causando los trastornos consecutivos a esta alteración, no es así probablemente, sino que sólo los desoxigena sin alterarlos; y por último que el aparato al cual se dirige especialmente la acción del añil parece ser el gastro-intestinal. 

    No pudiendo ocuparnos más tiempo en repetir los experimentos para dilucidar las cuestiones, pasamos a investigar lo relativo al aparato digestivo. Es decir, si se absorbía por él, el añil, y la acción de éste sobre todo el aparato gástrico. 

    Cuarto experimento. — A un perro le extrajimos de su vientre una asa intestinal a la que pusimos dos ligaduras que entre una y otra comprendieron cosa de un decímetro del intestino, e inyectamos dentro de esta porción así aislada del resto del tubo digestivo, 20 centímetros cúbicos de solución de índigo blanco. Una hora después abrimos la porción ligada del intestino y encontramos casi todo el líquido allí depositado, de un color verdoso, la mucosa intestinal ligeramente azulosa y una solitaria que allí había, de un azul intenso. Raspando con el escalpelo la membrana interna del intestino, encontramos el tejido submucoso con su coloración natural, pero a los pocos momentos azuleaba visiblemente. 

    Este experimento indicó, a nuestro modo de ver, dos cosas: 1° Que el índigo blanco no pasa rápidamente al estado de índigo azul dentro del intestino, sino que lentamente se oxida. 2° Que es absorbido, aunque poco, por la mucosa intestinal, al estado de índigo blanco, pero no sabemos qué tanto tiempo pasa después de ser absorbido para oxidarse completamente y volver al estado de índigo azul. 

    Este experimento fue repetido, pero poniendo dentro de dos porciones contiguas de intestino, aisladas por ligaduras, en una, solución de índigo blanco y en la otra índigo azul desleído en agua. Se colocó el intestino otra vez dentro del vientre y esperamos hasta el día siguiente. Al fin de este tiempo abrimos las dos porciones ligadas del intestino y encontramos en la que encerraba índigo blanco, éste apenas de color verdoso, mientras que el índigo azul de la otra porción no había variado de coloración. Una gran parte del líquido se había absorbido en ambas porciones. Buscamos si los linfáticos, sus ganglios o los vasos mesentéricos presentaban coloración azul, pero no fue posible descubrir nada. Si este experimento no nos enseñó nada respecto al transporte del pigmento por los vasos absorbentes, sí nos volvió a demostrar que el índigo blanco no es fácilmente absorbido ni aun por la mucosa intestinal. 

    Quinto experimento. — Habiéndonos formado el juicio de que muy poco se absorbía el índigo por el intestino o por el tejido subcutáneo, aun cuando se usase el índigo blanco, nos propusimos ya no ocuparnos sino de observar en el perro los efectos que produjera el añil obrando tópicamente sobre el aparato gastro-intestinal. 

    A un perro de gran talla se le hizo ingerir a las 5 p.m. con la sonda esofagiana la dosis de 10 gramos de añil desleído en agua. Se le colocó convenientemente para poder ser recogidas las orinas y examinados los excrementos. 

    Al día siguiente se habían reunido 150 centímetros cúbicos de orina, de un color muy obscuro y que encerraba una gran cantidad de urea. Se investigó por los medios aconsejados en clínica si contenía indican en mayor cantidad que la normal, pero no se obtuvo ningún resultado digno de notarse. 

    En cuanto a los excrementos se pudo notar que el perro había defecado cinco veces; que las materias fecales eran, unas, pastosas, y otras líquidas, mucosas y sanguinolentas, estaban teñidas de azul verdoso y además contenían sangre roja ya mezclada íntimamente en toda la masa, ya depositada en estrías sobre la superficie. 

    Se repitieron varios experimentos como el anterior, administrando unas veces índigo azul y otras índigo blanco, obteniendo siempre los efectos purgantes más o menos intensos. Algunas veces observamos que los animales defecaban con tanto pujo y frecuencia, que arrojaban en vez de heces, gotas de sangre pura. Notamos también que los efectos purgantes no se hacían sentir con intensidad sino hasta pasadas 14 o 16 horas y duraban el tenesmo y frecuencia de excrementación hasta 4 o 5 días. Las dosis variaron de 10 a 15 gramos de añil del comercio. El índigo blanco a la dosis de 50 a 100 c. c. de solución, producía casi los mismos efectos. Nunca vimos que se presentaran vómitos ni tampoco fenómenos de intoxicación, ni ninguna perturbación del organismo. 

    Con estos experimentos nos convencimos de que el añil es un purgante enérgico cuya acción se prolonga mucho y se ejerce particularmente sobre las últimas porciones del intestino. Las deducciones terapéuticas que muestran estos efectos fisiológicos del añil sobre el aparato gastro-intestinal, las veremos al ocuparnos de la parte terapéutica, lo mismo que lo relativo a las dosis en que deberá ser empleado para obtener los efectos de su indicación, que eran las dos últimas cuestiones que nos propusimos resolver. 

    Reasumiendo los resultados que se obtuvieron de toda la experimentación fisiológica, diremos: 

    1° Que no se absorbe, o lo es muy poco, ni el índigo azul ni el índigo blanco, sea que se apliquen por la vía gástrica o por la subcutánea. 

    2° Que parece no tienen acción fisiológica general. 

    3° Que la única acción fisiológica bien determinada fue la de obrar como purgantes, ejerciendo sus efectos principalmente en las últimas porciones del intestino, efectos que duran largo tiempo y excitan fuertes contracciones intestinales. 

    4° Que el principio activo aun no está bien determinado químicamente. 

PARTE TERAPÉUTICA.

    Según lo expuesto en la parte histórica, el añil y la planta que lo produce se han aplicado a la curación de las afecciones del sistema nervioso principalmente, y como purgante. 

    Lo han usado los médicos, puede decirse de todas partes del mundo, y es aun hoy día una medicina popular entre nosotros contra la alferesía de los niños y el empacho en los mismos. 

    Se ha recomendado especialmente el añil contra el hipo, los cólicos intestinales, la locura, la corea, la icteria, y sobre todo la epilepsia. 

    En cuanto a la planta del añil, se le ha usado como vulneraria, como estomática, como febrífuga, antiespasmódica o antiepiléptica, y como diurética, y en fin, el polvo de las semillas y de las raíces como insecticida para los piojos. 

    Como medicamento contra la epilepsia fue aplicado por el Sr. Dr. Juan Govantes a numerosos enfermos del hospital de San Hipólito. Los resultados los copio íntegros, tales como se publicaron en el periódico «El Estudio.» 

    Informe del Dr. Govantes. — Junio de 1891. — 

    «Se ha empleado esta substancia en algunos enfermos epilépticos por gozar en el vulgo de propiedades curativas para esta afección. Se eligieron cinco enfermos que padecían desde hacía algún tiempo de ataques con la forma de gran mal y clasificada su epilepsia de esencial, por no haber podido determinar la causa que la producía. La dosis que se ha empleado es la de 0.40 centigramos de polvo de añil en una toma, y se ha sostenido dicho tratamiento durante seis meses. 

    »Comparando el número de ataques sufridos por estos enfermos bajo la influencia de los bromurados en este mismo período de tiempo con el que han tenido con el tratamiento del añil, el resultado es el siguiente: 

                                    Con los bromurados.                                 Con el añil. 

                                        G. M.      P. M.                                     G. M.        P. M. 

Carlos Alvarez...                141. ..12 6 meses.                                139.       ..1  6 meses. 

Jesús González...                 36.. .39       "                                         23.      .. 0 „ 

Vicente Munguía.                 65.. .21       "                                          77.     .. 0 „ 

Nicolás Posadas..                 107... 1 5     "                                        140.       ..0 5 „ 

    »Por las cifras anteriores, se observa desde luego que ha habido muy poca diferencia en el número de ataques que han tenido estos enfermos bajo la influencia del diverso tratamiento. 

    »Carlos Álvarez ha tenido dos ataques de diferencia. Jesús González ha tenido 13 ataques menos con el tratamiento del añil. Vicente Munguía 12 ataques más y Nicolás Posadas 37 también más con este trabamiento. Sin embargo de que a primera vista aparece que el número de ataques aumentó en Munguía y Posadas, se debe considerar que si a estos enfermos se les hubiera dejado sin tratamiento alguno, el número de ataques hubiera sido excesivo, como pasa con estos enfermos cuando se les suspende el bromuro. En el segundo de los individuos hubo una diferencia de 13 ataques menos, lo cual demuestra que en algunos casos podría sustituir esta substancia a los bromurados, cuyo uso continuado causa tantas molestias a estos desgraciados enfermos. Nuevas experiencias me propongo hacer, y sobre todo un estudio comparativo de algunos enfermos sin tratamiento alguno y de otros sujetos al tratamiento por esta substancia, que vendrán a demostrar si es cierta o no la acción curativa de esta substancia en algunos casos de epilepsia. 

    »En dos enfermos del Consultorio se ha ensayado el añil por el Dr. Huici, con buen éxito; a uno de estos enfermos le daban 2 y 3 ataques en el día, y se ha conseguido con el añil, a la dosis de 0.20 centígramos (es un joven de 12 años), que se suspendan dichos ataques hasta por ocho días». 

    Después de dar este informe continuó el Dr. Govantes el mismo estudio en sus enfermos epilépticos del hospital de San Hipólito, usando siempre la dosis de 0.40 centigramos, y de todas sus observaciones hasta el año de 1893, resulta que se puede considerar el añil cómo un medicamento que puede mejorar, cuando menos, a los epilépticos, y alternarlo con los bromurados para evitar un tanto los inconvenientes de estos últimos. Hay que advertir que el Dr. Govantes no pasó la dosis de 0.40 centigramos, que es probablemente muy corta, pues que según la práctica de varios médicos se debe dar el añil a la dosis hasta de 16 a 20 gramos al día en los epilépticos. En cambio, con 0.40 centigramos no se han producido trastornos intestinales, pues que no los señala el Dr. Govantes. 

    Otra de las aplicaciones útiles del añil, tal vez la principal, es para curar el empacho de los niños. Se llama así entre nosotros, una enterocolitis producida y sostenida por la retención obstinada de cuerpos indigestos generalmente al nivel del ciego. Sobre esta afección tan común en los niños, tan conocida por el vulgo y tan grave y rebelde frecuentemente a los tratamientos médicos, consúltese una buena tesis inaugural del Dr. Gregorio Vargas, del año de 1873, publicada en México. Refiere numerosas historias, a cual más interesante, de niños empachados, recogidas por nuestras notabilidades médicas y discutidas entre ellos mismos. Presenta además el cuadro patológico completo de la enfermedad y los medios puestos en práctica para curarla. Entre estos medios cita al añil. He aquí textualmente lo que dice: 

    «El añil flor dado solo lo usan también mucho, tiene la composición siguiente: Además de una resina roja soluble en el alcohol, tiene otra rojo-verdosa soluble en el agua, carbonato de cal, alúmina, silisa, óxido de fierro en mucha cantidad: contiene además a un principio inmediato, descubierto por Chevreul, llamado indigotina.1 ¿Cuál de estas substancias obra como purgante? No lo sé ni tampoco lo he visto usar: las veces que el Sr. Liceaga lo ha aplicado, según me ha dicho, no ha obtenido ningún resultado satisfactorio.» 

            1 Análisis tomado del Diccionario de Medicina de P. H. Nysten. — 1858. Artículo añil. 

    No anima ciertamente a usar el añil lo que se acaba de decir; pero tampoco hay que abandonar su aplicación en los casos de empacho. Si recorremos los medios empleados contra esa enfermedad recomendados en dicha tesis, resalta desde luego que los principales son purgantes, a veces de los más enérgicos, como el aceite de croton, y que casi son los únicos medios verdaderamente útiles para curar el empacho. En consecuencia, el añil está perfectamente indicado. Ya vimos que obra enérgicamente y por muchos días sobre las últimas porciones del intestino, y que excita fuertes contracciones intestinales. Además, ejerce una acción calmante sobre el sistema nervioso, tan comprometido en diversos sentidos durante el empacho. 

    Pudiera, pues, muy bien obrar tanto como evacuante poderoso, como por acción tópica especial sobre la inervación intestinal, primero, y general, después de absorbido. 

    Está, pues, el añil perfectamente indicado como remedio especial para combatir el empacho. Una vez más veremos aquí, comprobando la ciencia, los usos vulgares de una medicina tradicional. 

    Agregaré con este motivo lo que últimamente se dijo en el 2° Congreso Médico Mexicano que se reunió el año de 1894. En la Sección de terapéutica leyó el Dr. Alcacio un trabajo sobre el añil, recomendándolo ardientemente como excelente medicina contra el empacho, a la dosis de 0.50 centigramos a 1 gramo. Citó los buenos resultados que había obtenido en su extensa práctica el Sr. Dr. A. Dugés, residente en Guanajuato, y algunos otros médicos. 

    El Dr. Armendáriz apoyó, refiriendo casos prácticos, lo dicho por el Dr. Alcacio. El Dr. S. Morales opinó como el Dr. Alcacio y además expuso sus ideas sobre la acción tópica antinerviosa que podría ejercer el añil sobre la mucosa intestinal. Las dosis fueron un punto de discusión interesante, y se convino que habría que comenzar, en los individuos cuya susceptibilidad aún no se conocía, por dosis de 0.25 á 0.50, y elevarlas después. 

    Por último, se dijo que tanto el Dr. Dugés, como los Dres. Armendáriz y Altamirano, habían tenido en su práctica casos serios de efectos purgantes enérgicos del añil aun con dosis de 0.40. 

    En la eclampsia de los niños se aplica también muy comúnmente el añil. En la Huaxteca es un remedio popular y de grande aceptación la tinta del añil dada a tomar a los niños con alferesía. Se usa también envolverlos en una camisa teñida de azul de índigo, sin que se explique cómo pudiera obrar esa substancia por este medio. 

    Preparaciones y dosis. — Vamos a señalar cómo preparamos el índigo blanco que nos sirvió para la experimentación fisiológica, según lo prometimos, pues que este preparado podría usarse también en el hombre. 

    Se pesan partes iguales de cal viva, de protosulfato de hierro y de añil; se pulverizan separadamente, se deslíen en agua y se mezclan, agregando más líquido de manera que haya 500 partes de éste por 15 de materia sólida, se coloca la mezcla en una botella que se llena del todo y se tapa herméticamente. 

    Desde luego comienza a decolorarse el índigo, y al siguiente día se encuentra un sedimento en el fondo y un líquido de color de oliva por transparencia y azul obscuro por reflexión. Este liquidó contiene el índigo blanco que puede aislarse si se quisiere por varios procedimientos; su sabor es desagradable, e inmediatamente que se pone en contacto con el aire toma color azul, debido a la formación del índigo azul que se precipita en copos insolubles. Esta oxidación se evita casi totalmente mezclando el líquido con jarabe o mejor con miel virgen. La mezcla queda entonces de color verde pero transparente, sin formarse ningún precipitado insoluble al contacto del aire.

    El polvo del añil se puede administrar directamente por la boca, pero es muy desagradable. Se soporta bien encerrándolo en cápsulas. 

    Como purgante ventajoso contra el empacho, se usa la fórmula siguiente: 

Aceite de ricino 30 gramos. 

Añil en polvo fino 0.50. 

La mezcla se hace bien y se toma fácilmente. 

    El Dr. A. Ferrand, en su Formulario de terapéutica aplicada, da las fórmulas siguientes: 

Indigo 0.20 

Castóreo 0.20 

Asafétida 0.40 

para 20 pildoras. (Podracca.) 

Otra: 

Polvos de indigo 15 gramos. 

Polvos aromáticos 2 ,, 

Excipiente c. b. 

Opiata contra la epilepsia. (Idler.) 

    Según el Dr. A. Ferrand, se puede administrar el índigo desde 1 a 30 gramos. 

    Según el Dr. A. Dugés, las dosis purgantes en los niños son de 0.50 a 1 gramo. 

    Fórmula del Dr. O. Eeveil . — Mixtura contra la epilepsia. 

Miel, 30 gramos. 

índigo pulverizado, de 20 a 30 gramos. 

Mézclese y tómese en el día. 

BIBLIOGRAFÍA.

Duchesne. Repertorio de las plantas útiles y de las venenosas del Globo, 1836, Paris. 

Grosourdy. El Médico Botánico Criollo, 1864, Paris. 

O. Reveil. Formulario Razonado de los Medicamentos Nuevos, 1865, Paris. 

Guibourt. Historia Natural de las Drogas Simples, 1867, París. 

Resumen de la Materia Médica y toxicológica colonial por A. Corre y E. Lijanne, 1887, París. 

Formulario de Terapéutica Aplicada por el Dr. A. Ferrand, 1890, París. 

“El Estudio.” Periódico del Instituto Médico Nacional. México, 1891 a 1893. 

El Nuevo Judío. Apuntes que servirán para la formación de la flora de Yucatán. Mérida, 1890. 

Pereira Jonatham. Elementos de Materia Médica, 1854, Londres. 

Dr. Gregorio Vargas. Tesis inaugural. México, 1873, titulada: ¿Existe el empacho en los niños? 

Periódico de la Academia de Medicina de México, tom. III, 1838. 

El Añil. Estudio Médico de los Dres. Manuel Domínguez y F. Altamirano, 1880, México. — Inédito. 

El Padre Alzate. Gacetas de Literatura, tomo II, 1790. 


Fernando Altamirano.